No soy una santa pero estoy blessed

Viernes de mi última semana en Vancouver.
Hoy me decidí a ir a un coworking que me permitiera mirar a las montañas y al puerto. No pude tomar mejor decisión. Al final del día me fui al pie de la ventana para escribir la mayoría de las postales que ya están camino de España.
Me he familiarizado con muchas cosas que eran novedad total hace sólo unas semanas. Al caminar, hay una parte de mí que ya sabe qué dirección tomar, qué calle coger, qué números de bus esperar y si bajarme antes o después. También mira con pena pasar la parada en Balsam street, donde me bajaba para ir a los gatitos que me acogieron en este viaje.
Y de alguna manera me siento viviendo 2 vidas:
Una que mira a la montaña rodeada de árboles otoñales en Vancouver, mientras otra agenda todo lo que ha seguido su curso y requiere atención durante las últimas 3 semanas. Todo lo que, de alguna manera, me está esperando.
Y me alegra que sea así.
También me atraviesan las vidas pasadas.
Las cosas que me hicieron sentir realmente viva en mis meses en París y Luxemburgo. Estoy reconectando con aquella Lidia de hace 15 y 12 años y aunque sí siento que fue hace milenios, los sentimientos son tan familiares y están tan presentes que es como si nunca se hubieran ido.
Es una sensación muy extraña, como vivir flotando fuera del tiempo.
Aislada de mi vida normal y lejos de mi comunidad habitual. Pero igualmente muy conectada con ellos. De hecho, más de lo habitual por tantos reaccionando y contándome cómo están viviendo ellos mi viaje. Algunos como novedad y otros recordando y recordándome aquella yo que conocieron y que están volviendo a ver.
Aunque me queda un día más, escribir esto desde el sofá de mi sótanito con lumbre sabe a final. La calma antes de zambullirme con todos mis sentidos en un último día aquí, repitiendo las pequeñas cosas que he querido convertir en rutina un sábado: breakfast sandwhich y café en la playa, pasear mirando al norte con el sol en la cara, y dejar que el día se revele ante mí.
Escogiendo, quizá esta vez con más cuidado, qué lugares pisar antes de irme antes de hacer las últimas compras y despedirme de algunas personas.
Seguiré escribiendo sobre este viaje, pero será desde mi piso en Barcelona.
Gracias por acogerme Vancouver y darme el otoño que tanto he echado de menos durante tanto tiempo :)